Atrapados en el espejo



Cuando descomponemos en partes la imagen del Otro, confirmamos, más que el miedo, la intención deliberada de hacer del Otro un elemento de destrucción. Este proceso de fragmentación no solo revela los prejuicios subyacentes, sino que también expone una estrategia por deshumanizar una narrativa que justifica la exclusión y el rechazo, transformándolo en una amenaza que debe ser contenida o eliminada.

 

Quiero detenerme en la deshumanización como estrategia que se cimenta en la mentira, el engaño y la manipulación para distorsionar o desconectar nuestra conexión emocional y racional con la realidad de ese Otro. Un proceso, insidioso y persistente, que ha existido desde nuestras primeras interacciones humanas hasta hoy, que revela más sobre quienes deshumanizan que sobre aquellos que son deshumanizados.

 

Objeto y amenaza, desprovisto de los atributos humanos e identificado ahora con un animal primitivo o mitológico, la humanidad del Otro se erosiona o se descarta, dividiéndonos, fragmentándonos, para que la confianza y la cooperación social se vean gravemente afectadas.

Esta desconexión a través de un proceso de deshumanización transforma nuestra identidad colectiva, creando un "nosotros contra ellos" que desintegra el tejido social y cultural. De aquí entonces que me imagine al hombre actual atrapado en un espejo que, aunque no queramos reconocerlo, la imagen que nos devuelve sigue siendo la nuestra.

©Jc

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